Mi amigo tiene ojos de gato…

Ayer una persona muy especial estuvo de cumpleaños y no pude estar ahí. No vi sus ojos brillar de felicidad, no pudimos sonreír juntos, recordar viejas travesuras (o inventar algunas), escribir un poema sin título ni fecha, incluso dejarlo sin autor. Un poema de esos como los que nos regalamos de vez en vez para vivir esa complicidad de hace unos cuantos años.

Ayer él agregó 365 días al calendario de su vida, y yo padecí un año más de ausencia. Ya facebook no me sirve, no me alcanza. La distancia virtual es tan dolorosa e incisiva como la geográfica.

¿Onde tas?… me pregunté una y otra vez, durante las 24 horas en que intenté contactarle. Acá toy!!!… Soñé me respondía desde la sala de estar, bien cerquita del aéreo, justo al lado de la gotera milenaria.

Nuestra amistad viene de atrás (aquí algún que otro gracioso recordará el chiste mal intencionado), pero sí, viene de atrás. Desde los tiempos duros de sacrificios y sobredosis de estudio, uffff desde los tiempos de guardias en madrugada. Desde los aguaceros, la colcha amarilla, los paniqueques…

Mi amigo no es una persona común, es como de otro planeta. A veces he llegado a pensar que algún extraterrestre despistado lo dejó caer, por accidente, sobre la tierra. Él es extravagantemente genuino, nada le importa; o más bien: todo le importa demasiado. Eso es: TODO LE IMPORTA DEMASIADO.

Es del tipo de persona que al verlo uno dice: “está loco”, y quizás tengan razón. Él está loco, pero su locura debiera ser contagiosa. Él está loco de amor, de sueños, de poesía.

Nunca conocí a alguien que llevara tanta luz, incluso en las sombras.  Recuerdo la primera vez que nos vimos, sus gritos, su alegría, el tono como de argentino con que me hablaba; los mordiscos con que nos comimos el mundo (o eso creímos, cuando el realidad el mundo nos comió a mordiscos). Recuerdo el juego del “medallón”, la pelota que casi perdemos en una charca tenebrosa y profunda, su mano en mi hombro un día muy triste, la página en negro, la más oscura. Recuerdo los graffitis en las calles, el poste, el arreglo de mis cejas. Él sabía dónde encontrarme, él sabía lo que haría.

Ayer fue su cumpleaños y yo no estuve, no dije felicidades viendo sus ojos, su mirada de gato (esa que por indiscreta me asustó la primera vez), no vi su pulgar en alto en señal de victoria, y me quedé con un abrazo que anhelaba darle. No pude decirle que ya encontré la rosa, que las orugas se vuelven mariposas, que el trazo con que dibujé no rasgó la hoja, que retrocedí para avanzar, que aún conservo la arena fina de la playa y que tengo un árbol guardado en una vieja semilla.

Ayer no pude decir FELICIDADES, pero él sabe que desde la distancia mis mejores deseos lo acompañan porque aunque pasa el tiempo, y el camino nos aleja, hay algo que uno nunca sabe lo que es, pero es lo más importante. Hay algo más!!!

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2 Respuestas a “Mi amigo tiene ojos de gato…

  1. muy buenas acabo de enterarme de tu blog y la verdad es que me parece super bueno no sabia de mas personas interesadas en estos temas, aqui tienes un nuevo lector que seguira visitandote abitualmente.

  2. Muy bonito artículo.

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